19 jul. 2014

Reflexión XV: Felicidad e intento


Para ti ya no hay más razones para sonreír, piensas. Es que, ni los ratitos con el perro salvan la tristeza que cargas. Ni las fiestas que te montas con los colegas salvan el peso que rompe tu espalda.
Dar lo mejor de ti no sirve de nada si no cambias de pensamiento: ''Se positivo como el protón'' dicen por ahí, pero, ¿Lo eres?
A la hora de la verdad cuesta mucho ver el lado positivo de las cosas, siempre nos costará la vida pensar en el típico ''todo irá bien'' y sonreír. Hay más probabilidades de morir que de ganar la lotería y en primer lugar vaya lotería nos ha tocado ya con tener un hogar, cama caliente y comida, una familia que nos quiere y que nos cuida. En segundo lugar, aunque haya más probabilidades de palmarla, ¿A qué compramos billetes? Solo por la curiosidad de que nos toque al menos, con la ilusión
¿Por qué no actúas así ante tu vida?:
Aunque haya probabilidades de que te deje, lucha por esa persona.
Aunque haya probabilidades de caer, vigila los pasos y si caes, levántate.
Aunque haya probabilidades de suspender: work hard and never give up.

Solo así descubrirás la felicidad del intento, aquella que aparece cuando no te rindes nunca. Y es que, la felicidad siempre estuvo y está a nuestro lado, esperando a que la muestres, esperando a que lo intentes por última vez y ganes.
La felicidad es la mayor arma contra el odio. Nunca la ocultes, eso la esconderá más hasta tal punto que se pierde, por eso la buscamos desconsoladamente, amargados y sin retorno.



Se feliz, plantale la cara al monstruo y demuéstrale que aquí el que manda eres tú, comete los miedos y vuelve a ser feliz o
al menos inténtalo.  

11 jul. 2014

Frase del día XI

Sé una leyenda en cada paso y cada acto que realices en tu vida. Sueña, trabaja, aspira y vuelve a soñar y vuelve a trabajar, ama y ríe, llora y cae, vuelve con las ganas, ganalo todo si puedes, revoluciona, agita el sistema.



3 jul. 2014

Relato: Por Madrid de tu mano



Como dos ilegales, como dos rebeldes, como dos enamorados, de Madrid, uno del otro, sin miedo. La noche rugía, la noche lo cubría todo, como dos humanos a los pies de las estrellas, regalándose la Luna y como dos tontos que huían sin querer volver, solo por tenerse y solo por contenerse. Hace frío, y una persona no puede combatirlo sola, con un abrazo se está mejor y una pizca de besos ayuda a mantener la temperatura en su línea. En la gran terraza, observando el silencio y acompañándolo de miradas atroces para el corazón.
Dicen que todo tiene una explicación, y una de esas dos personas quiere buscar la explicación sobre el amor, sobre como su vida ha girado tan bruscamente desde que tropezaron, sobre como nos podemos completar los unos a los otros y finalmente sobre como ha llegado hasta esa terraza, al borde de una gran altura, al borde de un gran edificio y contando las estrellas. Todo por morbo, todo por amor.

Se intercambian roces y observan el horizonte, decorado con enormes edificios iluminados, aman Madrid y sobre todo de noche, oyendo el ruido de los coches y el maullido de los gatos, oyendo los tacones de aquellas fiesteras y alguna que otra resaca, aman hasta el más mínimo detalle en el corazón de esa gran ciudad. Para ella era una cita, y para él también, todas las escapadas y todos los días de sus vidas en los que estaban juntos eran citas. Siempre les quedó la esperanza de que el tiempo se parase ellos sabían que un beso se escaparía, ellos sabían que se salvarían de sus deseos y problemas adolescentes: ella pensaba en sus defectos y en esos anuncios de ''perfectas'' modelos, en como sus defectos la ahogaban y la apartaban de su gente. Él, en cambio, pensaba en sus problemas familiares y en lo mal que trata a su familia. Todo por conseguir lo que el más quiere: estar con ella. Su mundo se pierde, colisiona y desaparece en ella.

El tiempo se paró, él acerco sus labios y ella temblaba de frío, en un suave pero salvaje beso combinado con caricias para transmitirse más calor del que mostraban, se sentían seguros. Juntos no les importaba lo que pensarían, juntos eran leyendas y se completaban. Ella le apoyaba hasta el final, él también, e incluso añadía algún que otro ''eres perfecta para mi''. Y ahí estaban: esos dos humanos rotos, bajo un manto de nostalgia, llenando sus vacíos con besos y miradas, presos de un solo sentimiento.

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